domingo, 10 de diciembre de 2017

¿LA TECNOLOGÍA COMO HERRAMIENTA; LA ESPIRITUALIDAD COMO CAMINO?


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Bienestar y felicidad no son lo mismo

La máxima obtención de bienestar, a través (exclusivamente) del progreso tecnocientífico, no presupone (necesariamente) la conquista de la felicidad. Los caminos de la espiritualidad transcienden al indiscutible impulso de la ciencia. Por ende, la "tenociencia" (tecnocentrismo), no debería, jamás, ser una nueva religión.

En un incipiente amanecer de la humanidad, las religiones, emergen por un profundo (y para nada científico) deseo de pervivencia; al igual que el de dar sentido a nuestra existencia; así como el de comprender (y/o entender) este inmenso universo que nos envuelve; y, sobre todo, de albergar, en nuestro rincón más querido y profundo, una sensación de inescrutable temor a algo superior (llamado Dios) que no alcanzamos a entender pero que, sí, debemos de "obedecer" (bajo ningún tipo de cuestionamiento y exclusivamente) mediante la fe.

La forma de como logremos mantenernos en este mundo (o en otros) no debería de someterse a la clásica dicotomía avances científicos, sin límites éticos y morales, o a una (deseable) regresión. Es decir: un retorno consciente hacia nuestro interior más inmaterial, más esencial y más auténtico.


¿Ángeles o robots?

En consecuencia, la síntesis armonizada de estos dos "elementos metafísicos", aparentemente contradictorios (y confrontados), deberán converger en un mundo (más) ético, más justo, más social, más igualitario y más magnánimo. En definitiva: más acorde a una verdadera, e incontestable, realidad.

La axiomática existencia de la PERSONA radica en la expansión de una fuerza hacedora de verdades eternas e inmutables; generadora de una auténtica Bondad universal. La Bondad, y nada más que la Bondad, es el principio generador de una genuina Felicidad. Por lo que toda expansión hacia los demás; y sin esperar nada a cambio, es el único, y exclusivo, camino de una genuina satisfacción personal, e íntima, con el espíritu de la PERSONA. Fruto de todo ello, todo desprendimiento es un nacimiento; es el cumplimiento del deber; y es la máxima recompensa a nuestra gracia divina, rebosante de Luz.


Toda Luz es generadora de Bondad, a pasar de sus posibles sombras; toda sombra es el resultado de la Luz   


Santiago Peña


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