sábado, 6 de diciembre de 2014

ACERCA DEL ALMA

 

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¿Qué entendemos por Alma?


Desde cada una de las múltiples religiones, se delimita de una manera. Desde las diferentes ramas de la Filosofía, se especifica de otras formas bien distintas. Por supuesto, desde la llamada "ciencia oficial", poco -por no decir nada- al respecto.


Etimológicamente la palabra Alma, del latín ánima, significa capacidad de moverse. Por lo que se atribuía esta cualidad a todo ser vivo (animales en general) que gozara de movimiento por sí mismo (el acto puro de moverse en Libertad). Actualmente, a los vegetales, también se les atribuye esta condición por ser poseedores de Vida, a pesar de que carezcan de movilidad.
 
Como primera proposición: Las PERSONAS somos seres transcendentes con un irrefrenable deseo de escapar de nuestra “realidad” física. Tendemos hacia la ensoñación, la imaginación, la abstracción… Por lo que nos definimos como materia viva espiritual y, por consiguiente, poseedores de Alma.
 
Como segunda, y determinante: El Alma, como unidad, puede llegar a referirse a un solo individuo o pueden llegar a ser varias para poder detallar a ese mismo individuo. Por ejemplo: el Alma de los antiguos egipcios, se componía de un Ba (la esencia en su individualidad), más un Ka (la Fuerza Vital; el Espíritu); de la unión de los dos surgía el Aj (el Alma completa; Eterna). Esta última sería lo más parecido a un Alma descrita por las religiones abrahmánicas. Hay un cuarto estado (iniciático) del Alma, llamado Sekhem, que se podría calificar como el Aura, la Luz; los restos energéticos del que partió a un nivel superior. Para los occidentales lo llamaríamos el Recuerdo; la Proyección; la Fuerza de la Luz. En síntesis: la Unión Mística con la Divinidad, para acabar convirtiéndose en la propia Divinidad.
 
Mención aparte, enunciemos, y comentemos, algunas de las definiciones más reveladoras:
 

· El Alma es la Vida, en sí, de cada uno de los entes, sea animal, planta o PERSONA. También conocida como Fuerza Vital.

· El Alma es el componente sutil, o etéreo, de cualquier ser vivo.

· El Alma es preexistente y antecede al Ser.

· El Alma, en referencia a la PERSONA, es el puro Conocimiento; encarna a la Verdad Última, llamada Gnosis (Conocimiento del Mundo, o Entendimiento Verdadero). Y es la Única Verdad.

· El Alma de la PERSONA es semejante al “Alma” del Universo y contiene lo que el Universo contiene, "como una gota de agua impactando en la inmensidad del mar".

· El Alma es la esencia pura del Ser; es inicio y fin; pedestal primigenio de la existencia; es Origen Cósmico de la Humanidad y es la máxima representación de la Individualidad.

· El Alma es una aspiración hacia la Infinitud; sin posibilidad de abarcar lo absoluto. Y es el Ser en permanente unión con el Cosmos.

· El Alma es Inspiración, es la fuerza que nos impulsa hacia niveles de conciencia superior y es lo que nos transciende hacia la Plenitud.

· El Alma es fuerza creadora y, por lo tanto, es Creación.

· El Alma es Esencia Divina; es el Cosmos y es la Luz.

· El Alma es el acto de Ser; es prueba de existencia; es el Ser por sí mismo; es la esencia única inmutable; es conciencia de nuestra presencia en el Universo; es memoria vital, renacida de un evento acaecido en su singularidad impar y, en consecuencia, constituye la prístina esencia de nuestro Ser.

· El Alma es el hilo conductor que nos mantiene, permanentemente, hermanados al resto de nuestros congéneres y al Todo, llamado Cosmos.

· El Alma es el Recuerdo, y prueba eterna, de la pretérita presencia de una planta, animal o PERSONA.

· El Alma es la Nada y el Todo en la PERSONA; Nada es y en Todo la integra.

· El Alma es la alarma que nos avisa que la Vida "huye", inexorablemente, de nuestras existencias.

· El Alma es inspiradora de Ideas.

· El Alma no tiene dueño; ella es "Señora" de nuestra presencia.

· El Alma es el Sol de nuestra existencia.

· El Alma es la música que, todos, llevamos dentro.
 
...
 

¿Desde una perspectiva (pseudo)científica qué concebimos como Alma?


Elemento espiritual (con peso, pero sin forma) que se es posible captar. A partir de aquí, ¿qué hay de cierto acerca de los 21 gramos que pierde, supuestamente, el cuerpo de una PERSONA en el momento de su última espiración? En la pregunta, posiblemente, hallemos la respuesta.

 

A partir de una visión humanística ¿qué entendemos por Alma? 


El Alma, encarna la Verdad; por principio no puede mentir. Es Luz; no hay penumbras, ni falsas verdades. Es la parte más íntegra, Pura y Esotérica de la PERSONA; es la máxima expresión de nuestra Humanidad.

Por todo ello, el Alma, es: "el conjunto de emociones, sentimientos, instintos, pensamientos, decisiones libres y, sobre todo, la capacidad de poder ser autoconscientes". Es decir: la potencia de poder ser autoconciencia en el infinito espacio-tiempo.
 
En definitiva: la Vida Plena se adquiere el día en que el Alma se separa, para siempre, de nuestro envoltorio físico. A pesar de este gran impedimento, podemos llegar a aproximarnos a llevar una Vida Integra, Virtuosa, de comportamiento Ético y Coherente.
 
La meta final: La Perfección de la PERSONA...Lo físico (el Límite) deja paso a la Eternidad del Ser (el Infinito)...El Alma, repito una vez más, nos brinda la capacidad de poder ser Divinidad, por ser parte de la misma.
 
De todo esto se infiere que necesitamos sentirnos PERSONAS y expandirnos hacia los demás, si no... ¿Qué sentido tiene nuestra existencia? Sin embargo -¡insisto!- la Plenitud de la Vida se alcanza al final de la misma.
 
La etapa de la nueva PERSONA (Evolucionada) es transcender a sí misma, exteriorizando todo lo verdaderamente humano de nuestro interior más intrínseco (y más auténtico) en pos de metas superiores: La Universalización del Conocimiento y la conquista definitiva del Bien Común.


Justicia,
Paz,
Libertad,
Verdad. 


Santiago Peña

 

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domingo, 2 de noviembre de 2014

SOBRE EL MUNDO


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Acerca del Cosmos


El Todo incluye cualquiera de los estados posibles. El caos, por su principio generador, debe (o debería) tender hacia Cosmos.

El Cosmos Todo lo define, y Todo lo acoge, porque Todo es Cosmos

No obstante, en la naturaleza, se vive en el caos y, a la vez, se vive en Armonía (Cosmos). Por lo tanto, caos y Cosmos, se complementan y "conviven" a un mismo tiempo.

La Imperfección del Mundo nos muestra la Belleza del Cosmos

Solo existe un Cosmos. Esto no es óbice para que, dentro del mismo, se puedan hallar infinitos submundos (o universos inclusivos y, a su vez, paralelos). Las dimensiones formarán parte de los mencionados subuniversos. Es probable que “nuestro universo” forme parte de un subuniverso y que, simultáneamente, éste sea uno más de los miles de millones dentro del Gran Universo, único, inmanente y transcendente. Por lo tanto, nada puede existir fuera de ÉL:

  • La Metafísica, lo llamará Ser, o Consciencia Cósmica.
  • Según el Hinduismo, en su vertiente vedanta-advaita, lo enunciará como Brahman: el increado, lo absoluto, lo grande, conciencia, “eso”, la no-dualidad de las cosas, expansión en un Todo único; también se le menciona como la suma de todo lo existente, de “lo que fue, lo que es y lo que será”… -¿Os es familiar esta última expresión?- Esta doctrina filosófica-religiosa sitúa este universo, en el que transitamos, como uno de los infinitos Atmans (respiraciones) de esta innombrable Divinidad. Y el Big Bang (“origen de nuestro universo”), como uno de los incontables “despertares” de la misma.

Por supuesto que existen una infinita variedad de teorías científicas, escuelas filosóficas y doctrinas religiosas, que explican, a su buen entender, parecidas respuestas. Pero, todas ellas, quedan, más o menos, reflejadas en las dos anteriores.
           

Acerca de la PERSONA

¿Qué somos? Somos mundo, somos la alteración, somos el Ser, somos el no-Ser, somos el desequilibrio, somos el caos y somos la razón.

Somos la magia de nuestra existencia. Somos conquista de la evolución y somos nuestra perdición.
El Cosmos está en cada uno de nosotros porque formamos parte de él: La suma de microcosmos (la PERSONA), más el resto del conjunto (naturaleza, planetas, galaxias, polvo estelar, agujeros negros,…etc.) es Cosmos.

La humanidad es el gran éxito de la naturaleza y su gran decepción

Haciendo camino...

¿Qué es Verdad?

¿La humanidad la hicieron, otros, o, se hizo a si misma?… No encuentro respuesta… La Verdad es la no Verdad. Mucho escrito pero, bastante, incierto.

La Intuición, como herramienta fundamental de búsqueda, y obtención, de la Verdad.

¿Qué me dice esta primigenia, y, sobre todo, “femenina” herramienta? Algo que no poseo o, si la tengo, no la dispongo suficientemente “entrenada” y por ende con una capacidad limitada de poder ser utilizada con garantía de éxito. Mi pensamiento lógico y, sobre todo, “masculino”, obstaculiza posibles respuestas o caminos.

Siempre dudo, incluso de mi propia existencia. Por este motivo, en la duda, se aloja la Verdad.

¿Qué es Realidad?

¿Desde la visión de quién o de qué?... Hay una única realidad, que no es la tuya, la mía, ni la de nadie y en el que espacio y tiempo pierden su significado; es la síntesis de la totalidad, única e inmanente.

Todo ser pensante arrastra una limitación propia de su dimensionalidad (tiempo y espacio). Me explico: somos muy malos observadores para poder captar, medianamente, la llamada “realidad”, porque tendríamos que estar fuera de este universo espacio-temporal. Al formar, parte del mismo, estamos alterando, permanente, lo que queremos captar. Por este esencial motivo, “nuestra realidad”, es “falsa y aparente”. Por supuesto que existe una verdadera Realidad pero se encuentra fuera de nuestros límites espaciales y, evidentemente, temporales.

Únicamente la Especulación (Imaginación) y la Intuición podrán, más o menos, resolver esta descorazonadora situación. Como ya dije en su momento:

Seamos magos de nuestra Existencia; seamos Eternidad


 Santiago Peña


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sábado, 11 de octubre de 2014

SOBRE LA FILOSOFÍA PERENNE


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Nuestro pensamiento ve todo lo que no ven nuestros ojos


Antes de buscar, hagámonos las siguientes preguntas para, así, poder encontrar una posible respuesta:

¿Qué es religión? ¿Qué es mitología? ¿Qué es simbología? ¿Qué es filosofía? ¿Qué es ciencia? ¿Qué es metafísica? Y ¿Qué es cosmología?

Todas tienen la misma contestación: Hallar un potencial sentido a nuestras existencias. Diferentes caminos para un mismo resultado. Y, sobre todo (fruto de nuestra individualidad), hay tantos caminos como PERSONAS en el Universo.

La mente humana se rige por un número limitado de conceptos (o cuestiones irresolubles) que son una constante en nuestro acontecer histórico: Eternidad, Dios, Vida, Muerte, Soledad, Vacío, Tiempo, Espacio, Cosmos, Alma… (Hay muchas más pero, creo que, éstas son las más significativas).

«Lo esencial es captar el verdadero sentido y convertirse uno mismo en el verdadero sentido»

Yalal ad-Din Muhammad Rumi


Solo desde un estado de plenitud podremos llegar a vislumbrar (remotamente) una posible Realidad, para nada fenomenológica pero sí trascendente. La visión del mundo deberá estar fuera de los límites del género humano.

La Realidad no existe. Somos (re)creadores de mundos aparentes y falsos.

El conocimiento acerca de la Filosofía Perenne alude a la existencia de un total vínculo de Verdades y Valores (Eternos) comunes a todas las civilizaciones, culturas y pueblos. La expresión fue usada, primeramente en el decurso de siglo XVI, por el filólogo, anticuario, bibliotecario apostólico en la sede pontificia, obispo  de Kissamos (Creta) y filósofo italiano Agostino Steuco (Gubbio, 1497 – Venecia, 1548), en su libro titulado: “De perenni philosophia libri X (1540-1542), en el que la Filosofía Escolástica (la imperante de aquel momento) era contemplada como la cúspide de la sapiencia de la cristiandad y en la que la totalidad de las restante corrientes filosóficas se asentaban, de uno u otro modo, en torno a la misma.

Con posterioridad, este mismo pensamiento, fue asumido, de forma entusiasta, por el matemático y filósofo alemán Gottfried Leibniz (Leipzig, 1 de julio de 1646 - Hannover, 14 de noviembre de 1716), quien la empleó para investir la Filosofía común, y perpetua, que se esconde en todos los cultos religiosos, y fijada, invariablemente, en su propias corrientes místicas. Esta misma expresión fue divulgada, a lo largo del pasado siglo, por el novelista y ensayista británico Aldous Huxley (26 de julio de 1894, Godalming, Surrey, Inglaterra – 22 de noviembre de 1963, Los Ángeles, California, Estados Unidos) en su libro homónimo: “La Filosofía Perenne” (publicado en 1945).

 

Acerca del término Tradición

La coexistencia de un estado inicial (representado por un contexto intelectualmente distinto, de aquel, al de los periodos siguientes) en la que la PERSONA se encontraba en correspondencia consciente con la Inteligencia Cósmica y con su Principio, y el sistema (destello mental de la fase de estabilidad y de Conocimiento) que caracterizaba esta época desaparecida, son el argumento de esta transmisión, al mismo tiempo del conjunto de leyes externas reservadas en conservar el entorno y a la humanidad en Armonía con las Leyes del Cosmos, de las que no son sino una individualización y una aplicación de las ciencias “especiales”; también, ellas, aplicaciones  de un equilibrio circunstancial de la escuela estrictamente Metafísica.

De igual forma, la preexistencia de esta, ya mencionada Filosofía Perenne, es el fundamento primigenio de la tradición (lo que se transmite), sintetizado en las obras de los pensadores del siglo XX, como el matemático, masón, metafísico, y esoterista francés René Guénon (15 de noviembre, Blois, 1886 - 7 de enero, El Cairo, 1951), el también metafísico, pintor y poeta, Frithjof Schuon (18 de junio de 1907 – 5 de mayo de 1998), al igual  que el erudito en Arte Oriental y escritor indio Ananda Coomaraswamy (Colombo, 22 de agosto de 1877 – Massachusetts, 9 de septiembre de 1947).


Antecedentes históricos

El Judaísmo (como primera-mater religión), el Cristianismo (consecuencia de la ruptura con la anterior) y el Islam (compartiendo lugar y tiempo con sus predecesoras), constituyen los fustes de los que han venido en llamarse los tres grandes cultos monoteístas. Las estrictas fidelidades de aquel período, de igual manera las variantes protestantes como la católica, se contrapusieron a la Gnosis (Conocimiento del Mundo, o Entendimiento Verdadero). Es decir, todos ellos combatieron a la causa primera de donde brota la Sapiencia del mensaje cristiano, un Saber que Jesucristo transfirió a su seguidor amado, cuando, en la última Cena, éste se reclinó sobre su pecho. Fue en aquél instante cuando, según la Tradición, recibió el don del cielo o el Conocimiento de la Salvación.


Principios esenciales

El vocablo “Philosophia Perennis” fue otorgado, como ya hemos mencionado con anterioridad, por Leibniz a un fundamento que va más allá de la sistematización y del discurso racionalista. Lo cual no es obstáculo como para que no alcancemos en señalar tres perceptibles conjeturas a las que encomendarnos:

1)  Sería, en primer lugar, la Metafísica que nos revela el manto de lo ficticio; señala la Divinidad en la Vida, en el Pensamiento y lo que se haya, verdaderamente, detrás de la apariencia material.

2)  Asimismo sería la psicología que nos redime del Alma y de nuestra cada vez más recóndita Esencia Divina.


3)  Y en conclusión, igualmente en el acto, aquella Ética que someta toda obligación a una sola, la interpretativa y conocimiento espiritual de toda sustancia y más allá de los límites del Ser.

“contenidos y prácticas trasmitidos durante siglos que mantienen abierta una vía de acceso a la verdad absoluta del hombre y la relación de este con Dios y la creación. Esta Tradición es única para toda la humanidad (Traditio perennis), y se manifiesta de forma superficialmente distinta en los diferentes pueblos y religiones, variando según el contexto, pero manteniendo siempre intacta la parte interior o esotérica que es inalterable e incomunicable (pues precisa de la propia experiencia o iniciación). La cadena se rompe con la época moderna, en la que se pierde (se esconde) la Tradición verdadera y solo persisten sucedáneos (a vistas de los no iniciados) que no remiten a ninguna realidad trascendente, pues se trata sólo de manifestaciones físicas reproducibles, y no de realidades interiores que se externalizan a través de múltiples formas, ajustándose a los límites establecidos por la misma tradición”.
René Guénon


Por lo tanto, y en consonancia con los basamentos de la Filosofía Perenne, todos los pueblos (invariablemente) de otros saberes y periodos han cursado, e inscrito, apreciaciones similares sobre la constitución de la Realidad, el Yo, la Naturaleza y el sentido, y designio, de la Existencia. Estas semejanzas se dirigen hacia unos profundos principios ecuménicos; instituyéndose en el diario pedestal de un gran número de religiones. Las desigualdades entre estas apreciaciones cardinales manan de las divergencias entre los diferentes conjuntos de Conocimientos humanos y se pueden llegar a razonar al albor de estas mismas supeditaciones culturales.


Omne quod est idem
 (Todo es lo mismo)


Entre estas apreciaciones se hallan las subsecuentes aseveraciones:

  • La PERSONA irradia la esencia de esta Realidad dual: por un lado, el cuerpo material, se encuentra subyugado a las leyes físicas del nacimiento y la muerte, el otro semblante de la existencia humana no se halla subordinado al crepúsculo o al quebranto, y es análogo a la inteligencia o al espíritu, que es el núcleo del Alma humana. En el actual occidente, esta segunda faceta, o Realidad, ha sido, repetidamente, pasada por alto o ignorada.
  • Todas las PERSONAS poseemos unas capacidades innatas, que sin embargo no son usadas y por tanto están claramente anquilosadas, para la apreciación instintiva de la estructura de la Realidad y de la Verdad Última. Este Conocimiento es el fin postrero de la humanidad, y su actuación y progreso son el sin igual plan de sus existencias. Los grandes cultos religiosos aspiran a instaurar (o restaurar) el sagrado vínculo entre el Alma y esta ulterior y más alta Realidad. Dicha Realidad, en las religiones Abrahmánicas  (Judaísmo, Cristianismo e Islamismo), es llamada Dios; Dios es el principio y fin de todo lo existente. En los cultos no-teístas, semejantes como Budismo, Jainismo y Taoísmo, lo último, o lo absoluto, está determinado de una forma algo distinta.
  • El Universo corpóreo, o de los fenómenos, no es la sublime Realidad; existe una desigual Realidad no-corpórea. El mundo de la burda materia es la sombra de una Realidad excelsa que no consigue ser alcanzada por lo sensitivo, pero el espíritu y el entendimiento humano proporcionan la prueba de ello en su más recóndita naturaleza. 


El hecho Místico, como vía directa de unión con el Cosmos

Lo Místico como lo más puro, profundo, oculto, íntimo y esotérico del Ser y fase última de perfección a través de una unión directa entre la PERSONA y el Cosmos. Estos discernimientos sistémicos se especulan que son lícitos, o íntegros, gracias a su firmeza y a las claras analogías entre ellos, empero de sus frecuentemente principios aparentemente aislados.

De acuerdo con Aldous Huxley, la Filosofía Perenne “es la metafísica que reconoce una Realidad divina sustancial al mundo material, a la vida y a las mentes; la psicología que encuentra en el alma algo similar, o incluso idéntico, a esa Realidad divina; la Ética que sitúa el objetivo final del hombre en el conocimiento de la Base inmanente y transcendente de todos los seres; lo que es inmemorial y universal. Los rudimentos de la Filosofía Perenne se pueden encontrar entre la tradición popular de pueblos primitivos en todas las regiones del mundo, y en sus formas completamente desarrolladas que han tenido su eco en cada una de las grandes religiones” ("La Filosofía Perenne", p. vii).

¿No es justo exponer a continuación de esto que hay, como así enunció Leibniz, una especie de Filosofía Eterna, perennis quoedam philosophia, que instituye el nexo necesario de la ciencia y de la religión y, en definitiva, su innegable unicidad?

"Particula in minima micat integer orbis" (“en la partícula más pequeña se encuentra el reflejo del universo entero”).
Gottfried Leibniz


Fruto concluyente que, dado el signo reduccionista y absolutista de la modernidad, estas “rivalidades” no fueron concebidas (o asimiladas) como una complementariedad -como así coexistían (y coexisten) para la comunidad tradicional- sino que se arrogó su perfecta irreconciliabilidad y por tanto la incondicional hegemonía de uno de los cabos sobre el otro. Es esta irreconciliabilidad entre los opuestos la que ha conformado el perfil exclusivo (y excluyente) de la modernidad, dirigiéndola inevitablemente, a los ideales de competitividad, control y superioridad, ideales en que, como ya hemos dicho anteriormente, lo diferente encarna un peligro, una amenaza, que debe ser implacablemente anulada.


Corolario

Nos repetimos, nos repetimos y, una vez más, nos repetimos. Seguimos sin saber nada… o muy poco de la PERSONA, de todo lo que representamos, y del COSMOS, en general.

Es preciso retornar a nuestras fuentes más primordiales. Mito y Logos son dos formas de ver el mundo (para nuestra cultura occidental) que, desde hace más de 2.500 años, se contraponen.

Parte del Conocimiento Universal -y, por qué no, de la Sabiduría- se halla disperso en múltiples rincones del mundo y, sobre todo, del Universo: verdadero receptáculo de todo lo que ha sido, es y será.

Conforme nos miremos, más, hacia nuestro interior, más nos encontraremos; conforme recuperemos las primeras enseñanzas, más cerca nos hallaremos del Verdadero Conocimiento; de la genuina Sabiduría en todo su esplendor.

Entonces, ¿qué somos? El resumen completo del Universo.

Conocemos el agua porque somos agua, conocemos el fuego porque somos fuego, conocemos el aire porque somos aire y conocemos la tierra porque somos tierra. Por lo que todo el conocimiento del mundo está en nosotros…

Seguir creyendo en nosotros... y aceptar y aceptar. El final creemos saberlo… Y el principio también…

Somos elementos tántricos esencialmente musicales. No hay nada más puro, dentro de la comunicación transcendente, que un Poema de Luz:

Simple Vibración,
Música Eterna,
Circular, perfecta,
Sublime, excelsa.

Despertad,
Despertad,
Luz imperecedera,
Alma Divina,
Alma Eterna.


Santiago Peña



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domingo, 28 de septiembre de 2014

PARMÉNIDES Y HERÁCLITO, O COMO EL SER (ESTÁTICO) INSERTADO EN UN TODO DINÁMICO, CÍCLICO Y PERPETUO


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El llamado tiempo únicamente existe dentro del Universo “creado”. En el presente el tiempo no tiene ningún sentido, porque siempre estamos en él. Lo que piense, diga y/o haga, siempre será el presente. Solo existe el aquí y ahora. En el pasado habremos dejado de existir y en el futuro no habremos empezado a estar. Por consiguiente: nada existe fuera del presente.

La inmortalidad es una constante en el género humano y clave de nuestra evolución: progresamos porque negamos nuestra mortalidad y por ende nos proyectamos hacia la Eternidad.

El Ser, solamente, puede manifestarse por sí mismo. Nada hay fuera del Ser. Por lo que no hay otro conocimiento que el conocimiento del Ser. Pero, a la vez, toda Alma en movimiento se halla dentro del Ser. Porque Alma (ánima) es movimiento; un fluir. La forma propia de la Vida es el movimiento. Si no hubiese movimiento el proceso de la Vida sería insostenible. En tanto en cuanto, la Vida es fruto del movimiento, la Vida es Eterna como Eterno es el movimiento.

Desde la destrucción (“transformación”) brota una nueva forma a partir de la anterior. Por lo tanto: “Nada desaparece; todo se transforma”.

Negando nuestra propia desaparición nos aferramos a la Vida, es decir: a una “permanente” existencia. Creamos a través de la prolongación “artificial” de nuestro Ser. Siempre en movimiento, eternamente en una “desesperada” lucha final.


Santiago Peña


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lunes, 11 de agosto de 2014

¿POR QUÉ EL ALMA ES LA BASE FUNDAMENTADORA DE NUESTRA LIBERTAD?


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 ¡Alma incorpórea, abarcando la totalidad!


Nos sentimos completamente libres cuando nuestras reflexiones se generan desde lo más profundo de nuestro ser. Pensamientos puros expandiéndose hacia el Infinito; pensamientos puros permaneciendo en la eternidad.

Somos conciencia de nuestra presencia en el universo; somos nuestra verdadera identidad… y somos la prístina esencia de nuestra unidad.

Nuestro deseo de Libertad es obra de nuestra individualidad.

Fruto de nuestra conciencia (pura) forjamos (nuestra) realidad. Solo, desde el ser, somos generadores de una “realidad libre” (transcendente) y, por lo tanto, verdadera.


Alma, principio rector de nuestros pensamientos

Los pensamientos son los principales instigadores de una búsqueda inquebrantable de independencia. Si no pensáramos no sabríamos en que consiste la Libertad; si verdaderamente existe, si ha existido o si, algún día, existirá.

El Alma es “señora” inherente de la Libertad; prueba de lo intangible, de lo inalterado, de lo eterno, de lo sublime y, en consecuencia, de la verdad.


Alma, principio vital de la PERSONA

El Alma, es memoria vital, renacida de un evento pretérito en su singularidad impar y, por ende, constituyendo la base de nuestro ser.

El Alma de la PERSONA es semejante al “Alma” del universo y contiene lo que el universo contiene. Como una gota de agua impactando en la inmensidad del mar.

El ser, en comunión directa con todo lo que le rodea, instituye la verdadera independencia del individuo a través de su propia intuición y de la observación directa de las leyes de la naturaleza. Es decir: cuando entramos en contacto con la naturaleza, haciendo uso de la intuición y de la observación, somos capaces de fusionarnos con la energía cósmica; fuente creadora de toda vida.

El Alma es la esencia pura del ser, es inicio y fin; pedestal primigenio de la existencia; es origen cósmico de la humanidad y es la máxima representación de la individualidad.

Es una aspiración hacia la Infinitud; sin posibilidad de abarcar lo absoluto. Y es… el ser en permanente unión con el Cosmos.

En definitiva: somos seres espirituales, sin saberlo… ni pretenderlo. Incansables buscadores del porqué de nuestras existencias… Somos autoconciencia. Por todo ello, el Alma, es el ente regente de nuestra conciencia y la base fundamentadora de nuestra Libertad.


Santiago Peña


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lunes, 9 de junio de 2014

SOBRE LA BELLEZA


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¿Qué es la Belleza; qué entendemos acerca de ella?



El término Belleza, en efecto, es ambiguo (de Espíritu, Estética, Literaria, Matemática, Natural, Mistérica, Musical,… etc.) y, como es obvio, generadora de múltiples definiciones. Luego, no nos limitaremos a copiarlas del D.R.A.E. si no que intentaremos ir un poco más allende.

Toda PERSONA, animal, planta o cosa (material o inmaterial), será Bella en el momento en que nos induzca una sensación agradable al Espíritu y, consecuentemente, atracción hacia la misma.

¿Qué marcador es el que nos alerta? La Armonía que, supuestamente, desprende y que, ante la misma (de una forma totalmente subjetiva), seamos capaces de captar, sintetizar y, en conclusión, valorar.

La Belleza es Armonía y fruto de la Creación (del Universo, de la Naturaleza y, como grandes “imitadores”,  de la PERSONA).

La tradición del término Bello se considera esotérica, porque emana del latín “bellus”, diminutivo de “bonus” (inicialmente “duonus”). Expresaba algo así como “bonitísimo” (la belleza decorada). Es interesante observar la conexión que existe entre Bondad (Bien) y Belleza (Bello). Pero, aún, es más sugestivo revelar que las dos provienen de la raíz aria “dheu”, "revelar", al igual que “Beato”, que expresa "feliz". Por todo ello, la vivencia estética, es una vivencia gozosa, causada por la visión de la Belleza.

La experiencia estética está estrechamente entroncada con el hecho religioso y la contemplación mística. Una de las manifestaciones de la divinidad es la refulgencia, o gloria, de su infinita presencia en forma de Luz. “Dios es la Luz”. El objeto contemplado (la divinidad) provoca al sujeto contemplador y lo encadena “lentamente”, llevándolo (“dejarse llevar”) a una sumisión, extremadamente, placentera del Alma.

Espíritu, Forma y Proporción


Espíritu


La Belleza de Espíritu es las más pura, única y transcendente de las múltiples conocidas; surge, de nuestro interior más íntimo, en forma de Luz. Recomiendo redirigirse al artículo METAFISICA DE LA LUZ.

¿Es juicioso en reafirmar que la Belleza es una característica congénita a los seres humanos y, por lo tanto, a sus obras? Si en estos momentos, mientras que escribimos este artículo, nos estamos deleitando con una determinada pieza musical tendremos que admitir que, obviamente,  de la misma nace Belleza.

Pero no olvidemos que, esa experiencia vivencial, es fruto del conocimiento adquirido: tanto desde lo místico-religioso, como desde lo estético. Por lo que se entendería, razonablemente, que alguien con poca experiencia musical no percibiera lo mismo que un notable y versado musicólogo. Por lo tanto, podría ser perfectamente factible que al neófito, con una agudeza auditiva “normal”, se le “escapasen” matices, así, obteniendo una deficiente calidad y, por ende, una incompleta experiencia estética. No obstante, la propia sensibilidad innata podría, “más o menos”, compensar la manifiesta inferioridad debida a una innegable “falta de entrenamiento”.

Forma


Simetría, equilibrio, volumen… Es una Belleza aparente (vacía) y con fecha de caducidad. Se complementa con la Proporción y no aporta nada más.

Proporción - Sobre la RAZON AUREA


El Número Áureo, la Proporción Áurea o Divina Proporción, es la definición matemática de la Belleza en el Arte y en la Naturaleza.

La Proporción áurea nos permite relacionar la creación del género humano, en una Armonía poco más o menos que perfecta,  con la Naturaleza y, por ascendencia, con el COSMOS. La ley de la Proporcionalidad, en el marco de la creatividad humana, nos induce a una búsqueda y recuentro de la humanidad con los Arcanos Superiores de la Naturaleza. No hay relación más perfecta, entre el COSMOS y la PERSONA, que la Proporción Áurea.

(En un posterior artículo nos extenderemos, cumplidamente, acerca de este extraordinario guarismo matemático, también llamado, “Número Dorado”.)

En síntesis, y como norma, diremos que Armonía es: la correcta Proporción entre las distintas partes de un Todo y su consecuencia implicará, invariablemente,  Belleza.



Vibración, como la máxima expresión de Belleza


Cuando, a través de una experiencia sensorial extremadamente placentera, nos sintamos estremecer (vibremos) y que, a su vez,  el Alma transcienda al cuerpo, se podrá llegar a decir, sin lugar a dudas, que habremos alcanzado, en percibir, el zenit de la Belleza: La Vibración del Universo, y de nuestro Ser, será la misma; habremos entrado (armónicamente) en resonancia y Todo será Uno.



Todo, en el Universo, tiene su frecuencia de resonancia, ¡todo!


(Este punto es fundamental para poder entender que es la Belleza y el porqué de un infinito anhelo, fuera de todo entendimiento, de Amarla.)

Somos unidades vibracionales, en permanente estado de emisión y recepción (y si no lo estamos, es que hemos… “transcendido”). Por lo que, indistintamente, atraemos y repelemos. En todo momento estamos emitiendo Belleza (no para todos), de igual manera que la recepcionamos. Somos obstinados buscadores de Belleza pero, a la vez, somos depositarios de la misma.

Sí, en un momento dado de nuestras vidas, captásemos (de forma casi continua) fealdad en nuestro entorno más inmediato, es que estaremos emitiendo, invariablemente, la propia fealdad que creeremos percibir en los demás. Y, de la misma manera que hay un nexo entre Belleza y Bondad, también lo habrá entre fealdad y maldad (odio).

Se Ama lo Bello porque es lo que nos complementa. A todo déficit concluye con una síntesis. La contemplación (visión, audición, captación, sensación,…) de una obra de arte, PERSONA, animal, planta u objeto (material y/o espiritual), que nos atraiga sobremanera, es la prueba de una inconmensurable ansia de comunión con la misma: es Alquimia; es la fusión de “los imperfectos” para, así, obtener “Lo Perfecto.


La imperfección es pluralidad; la Perfección es la Unidad.
 

La Belleza es imperfecta pero, en un deseo inherente de unión hacia la misma, la “hacemos” Perfecta.


Y siempre recordemos que, la Belleza, habita en nuestro interior.




Santiago Peña




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